Ecuador es un país de tradición culinaria, de texturas, sabores y aromas. De especias; mismas que en el siglo XIV valían casi tanto como el oro que trajeron los colonizadores de Latinoamérica.

Lo que no sospechaban, era la fusión y el conocimiento que improvisarón las necesidades de aquel tiempo por conocer y sobrevivir. Los esclavos indigenas, los negros y los cholos fueron adaptando algunos de estos “conocimientos” de la cocina europea hasta transformarla en algo propio del lugar.

Cada región del Ecuador, bien sea la Costa, la Sierra, la Amazonía o el Archipiélago de Galápagos, destacan cada una por la arquitectura de sus platos, por la solvencia de su sabor. Por el manejo intenso de las abuelas en el uso de los fogones de leña, en horno, en pailas, tiestos y ollas de barro.

Claro que es interesante hablar de Cesar y sus inicios.
De su vocación y amor por la cocina. Pero también tiene que acompasar la historia su propia vivencia y en ella el reflejo de su voluntad. Misma que evoca el carácter, la ilusión y la auto reflexión en este momento histórico de la gastronomía universal.
Para ello España es el laboratorio de parir ideas.
De experimentar, de trabajar. Y es que Cesar ha trabajado en restaurantes prestigiosos de Madrid; dentro de los cuales su caldo de cultivo (nunca mejor dicho) es la cocina española.

(Tomado del libro: De Cero A Cien)

Elaboración cocina experimental. Tomado del libro: De Cero A Cien, 2017